Agresión en los perros
¿El ataque de perros hacia criaturas o personas debe considerarse como agresión o predación?¿Por qué un perro cuya asociación con el hombre se desarrolla en perfecta armonía agrede a un niño o adulto?
¿Qué sucede en su “adentro” para que su comportamiento amigable y protector desaparezcan, desencadenando la agresión?
En contados casos el desencadenante de esa agresión puede deberse a celos. Así como el niño puede experimentar celos cuando un hermanito recién nacido ingresa al hogar, el perro, que emocionalmente siempre es un niño también experimenta la terrible presión de los celos.
Estos perros pueden actuar en competencia por mantener el cariño de su amo y ven en el bebé o niño un rival. Captan y sienten las variaciones que se operan en sus amos, comportamiento preferencias por el bebé, por lo que reciben un impacto emocional de alcances imprevisibles.
Esta agresividad hacia el niño no es probable que obedezca a estados de dominancia, ya que sólo se producen entre individuos que compiten; por lo que se supone que responden a ese sentimiento tan perturbador que son los celos.
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Relación niño – perro
Para un niño no existe compañero más seguro y más adaptado que un perro. No existe otro animal doméstico que posea referencias ancestrales como camaradas de juegos y protectores.
Tan lejos como podamos remontarnos en la historia, los niños y los perros han tenido siempre ese lazo común llamado juego. Juegan entre ellos de igual a igual, mientras que el caballo, gato, ave y otros animales domésticos se muestran más bien tolerantes y más o menos sumisos, compartiendo de a ratos un juego liviano, pero se mantienen generalmente pasivos.
Frente al niño representan el juguete, en cambio el perro entra en el juego. Se escapa, simula, participa. No es el juguete, sino el compañero.
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